
Disfrutemos del producto.No creo que a nadie le choque si decimos que el mundo de nuestras aficiones en general, y el de los videojuegos en particular, está tremendamente sometido a las leyes del libre mercado y por tanto a las leyes implacables de la publicidad y el marketing.
Vamos a ver, antes que nada, hay que tener en cuenta que nuestros más amados videojuegos son al fin y al cabo productos, bienes de consumo que por mucho que nos pueda molestar que se mercadee con nuestras aficiones, son en primer lugar un objetivo de ventas. Hay mucho dinero y esfuerzo detrás de ellos, y no sólo de los modernos Arquímedes del ocio electrónico, los programadores, sino también de los publicistas que tratan de sacar el mayor rendimiento a los mismos, con fastuosas campañas de publicidad.
No es la primera vez que nos quedamos fascinados por impresionantes secuencias y teasers del último bombazo que nos está preparando la prestigiosa compañía fulanita o menganita, creando la expectación adecuada para poder dar salida a su producto estrella del momento. Esa expectación hace que no veamos delante de nuestros ojos otra cosa que el desear tenerlo a toda costa, como si fuéramos vulgares perros de Pavlov.
La moraleja en este caso está en saber que sólo tras un análisis adecuado, el de los jugones expertos (en nuestro caso nuestros amiguitos Boron y Fayer), se puede saber si ese producto es realmente una obra de arte o un truño descomunal. Al fin y al cabo esa es nuestra pretensión última: el intentar disfrutar de nuestros videojuegos favoritos, que nos evadan del hastío de la normalidad, transportándonos y elevándonos a otros mundos o entornos, sin tomar en consideración otras cosas que vemos todos los días a través de la realidad.
Y pese a quien le pese, esa realidad está plagada principalmente, por el influjo del estado de la economía, como seguimos padeciendo desde hace un par de años que no pienso nombrar porque uno ya esta harto de la palabra susodicha que empieza por “C”. Ésta es la principal causa de nuestro entorno, incluso el de nuestras aficiones, y es lo que descubrimos en nuestro último programa aunque desde nuestra peculiar perspectiva friki, todo sea dicho.