EMPATÍA O SIMPATÍA

  • AUTOR: // SECCIÓN: Diagnóstico, Press Start

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    diagnostico-15-02-14

    Es una pena, pero esto es un negocio. Se que no es discurso nuevo por mi parte, pero se nos olvida que por muy bien que lo pasemos jugando a nuestros juegos favoritos, detras de ellos hay una terrible e implacable máquina empresarial de hacer dinero.
    En el programa de hoy vamos a hablar en la sección de El Codec, de Juegos Cancelados, por diversos motivos, pero fundamentalmente porque no encontraron una salida comercial, es decir, no se veían viables como productos de consumo final para un público objetivo. ¿Qué es lo que significa esto, pensaréis vosotros? Pues algo tan sencillo como que durante años y hasta la actualidad, se han suspendido proyectos que hubieran podido hacernos pasar miles de horas delante de nuestros mandos, porque por algún motivo, a algún tiburón con corbata no le parecía que podía sacar panoja suficiente.
    Los jugones tiramos mucho del sentimiento y la visceralidad cuando hablamos de los juegos, aunque a nosotros nos parezcan datos objetivos que no se pueden pasar por alto, en realidad son tan solo requisitos técnicos que exigimos a la hora de jugar. Que si los gráficos, que si la jugabilidad, que si la historia, que si el entorno, o que si los personajes…. Todo eso al final, si el juego no se puede vender como churros, todo eso se la trae al pairo al señor con corbata que maneja la pasta invertida en un videojuego.
    Porque antes de que un videojuego salga y lo podamos ir a comprar a las estanterías y expositores de nuestra tienda amiga cercana, o descargar legalmente desde nuestro sitio electrónico favorito, pasa por muchas fases previas antes de poder disfrutarlo con nuestro mando. Echo de menos esa inocencia de poder jugar, olvidándome de todas estas cosas relacionadas con lo que hay detrás de ellos. Me gustaría poder ceñirme tan solo a poder pensar si Suda51 está pasando una época inspirada, y en su último No More Heroes está más en forma que en su anterior entrega del videojuego de mismo nombre.
    Porque eso es lo que nos interesa de verdad a los que consumimos ocio electrónico, el poder disfrutar de nuestro cada vez más escaso tiempo libre, que estar pendientes de las decisiones empresariales de turno. Cada vez que pienso en los videojuegos que no he podido tener, me cabreo, por culpa de tal o cual cosa que haya podido pasar sucedes en el Box creativo, ya que son cosas totalmente ajenas a mi y que me afectan directamente pues soy el usuario final al que van dirigidas todas y cada una de las malas y buenas decisiones tomadas por un grupo de señores tiburones de oficina.
    Pero siendo realistas, la salsa de esto de los videojuegos, está un poco también en lo que nos reímos sacando punta y tirando del hilo de estas cosas, y por ello creo que hay muchas alternativas a lo que proponen las grandes multinacionales responsables de alguno de los grandes pelotazos superventas. Existen pequeñas productoras, que trabajan a un nivel marginal para plataformas mas minoritarias, haciendo su trabajo al margen de las leyes impuestas por el mercado mayoritario. Vamos, lo que se ha dado en llamar toda la vida nivel underground.
    Lo que espero es que cuando alguna de estas levante un poco la cabeza y se alce, no termine haciendo todo lo contrario a a aquello que ha hecho que llegue a ese nivel, con decisiones nefastas como la de enterrar o suprimir proyectos ya casi terminados, y dejarnos con la miel en los labios. No hablo ya de idas de ollas mesiánicas como el Daikatana de Romero, si no de la coherencia que da el ponerse en la piel de aquellos que están al otro lado esperando ese producto final llamado videojuego. Algo que se resume perfectamente en una palabra, y que sirve como final de este diagnóstico de hoy: hace falta más empatía en la industria del videojuego.

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